07 julio 2009

Seguimos con los primeros días en Túnez

6 de Julio de 2009

¡Hola de nuevo!

Os contaré qué tal la velada de esta noche más adelante, cuando me ponga al día.

Olvidé decir que aquí escuchan la misma música que allí… La música house es bastante buena, está por todas partes (hasta en los barcos piratas. Tienen una atracción turística que consiste en ir en un barco pirata con los mástiles vacíos, dando vueltas frente a la playa y con house a toda pastilla… una cosa totalmente hortera a la que pretenden que vayamos… ya veremos), y la ponen demasiado alta. Incluso a las 4 de la tarde, en una terraza de la playa, ponen house al mismo volumen que en España lo ponen en una discoteca, así que es imposible sentarse a disfrutar de las vistas.

Bueno, siguiendo cronológicamente, nos quedamos en la discoteca, me parece…

Para ir al hotel a dormir, nos esperaba un autobús como los de las películas en los que nunca jamás te gustaría montarte, pero ya digo, no estaba tan mal. He llegado incluso a acostumbrarme a estar siempre bañada por una película de sudor que jamás desaparece; los autobuses por supuesto no tienen aire, así que el ambiente casi que alimenta. En el autobús de línea, por ejemplo, tienen un sistema interesante: puedes montarte por cualquier puerta, de hecho el conductor no cobra, sino que hay un hombre en una silla giratoria apostado en un cubículo que te da tu billete, y está en la parte de atrás del autobús. Esta mañana, en mi primera experiencia con los autobuses públicos, el cobrador-de-billetes se secaba el sudor de la frente con el taquito de billetes que aún no había vendido. Es así de natural. Interesante la aventura de coger un autobús público sola; toca más tarde.

El hotel, a pie de playa, tenía la misma solera que cada sitio aquí. Aún así, tuve mucha suerte y me tocó una habitación individual por llegar la última. Aquí veis las fotos de las vistas de la habitación: realmente, un destino de vacaciones, aunque desde luego el hotel NO. (Las fotos son con el móvil, he descubierto mi nueva cámara perfecta: suficiente calidad, gran comodidad)


La playa parecía realmente buena, ha sido un gusto pasar por ese hotel sólo para pensar que he tenido la suerte de tener esas vistas paradisíacas desde la habitación de mi hotel.

Por la mañana, el chico trajo el desayuno a mi habitación, y lo puso en la terraza. Ya desayunando, el calor entró en acción, pero aún así, me sentía como una sultana en mi oasis.




La actividad programada para la mañana era ir a la playa. El mar, nada que ver con el nuestro. Absolutamente quieto y transparente. Fuimos nadando a la parte de las rocas, que parecía que se podía andar, pero daba esa impresión por la transparencia del agua: estaban a tres metros debajo de nosotros. Vimos peces plateados, y pequeñas islas de arena sobre las rocas… un paisaje increíble, difícil de imaginar. Habría dado mucho por una cámara submarina en ese momento.

En el almuerzo, nada especial, sólo el nombre del local: “El sombrero”. Me comí una pizza, en un restaurante de decoración mejicana, en Túnez, en la misma mesa que un turco, un bosnio, una americana, una alemana y un escocés. Muy interesante.

Los organizadores, estudiantes tunecinos pertenecientes a IAESTE como nosotros, nos dieron a elegir entre ir a otra playa o ir a una medina artificial construida hacía sólo 6 años, así que decidí ir a la playa, porque la medina era una patraña y no encontraría una mejor que la que estaba frente a mi casa en Tunis. Sólo 5 de nosotros fuimos a la playa.

Esta sí era más atlántica. El mar estaba más templado, con muchas olas. Jugamos al fútbol y al voleibol, y encima de nosotros había algunos paracaídas arrastrados por una lancha (no sé el nombre exacto de este deporte). La cosa de contar esto es que hubo una especie de incidente, un paracaídas empezó a descender muy rápido y muy cerca, y la persona que iba colgando parecía estar luchando por mantenerse agarrado, como a punto de caer. Cuando estaba casi en el suelo, vimos que era el monitor y llevaba delante un niño pequeño. Imaginad qué trauma.

La playa de por la tarde fue mucho mejor, pero ya estaba agotada. Nos recogieron, y volvimos a la casa. Dentro del propio autobús estuvimos bailando danza del vientre, danza árabe (que no es lo mismo), practicando algo de yoga, empezando a aprender árabe, cantando los himnos de cada país, aprendiendo canciones en árabe… Y llegamos.

La casa (que casualmente está en La Casba, en árabe) es un edificio muy antiguo, en la medina de Tunis, en la misma calle que el ministerio de defensa, y el despacho del primer ministro. Imaginaréis unas calles anchas, limpias, luminosas… ¡Y no tienen nada que ver! Este trazado es árabe, los edificios se caen a pedazos y las ruinas antiguas se mezclan con las horteradas actuales. Por no decir que la vegetación tiene pleno derecho.

La casa en sí tiene dos pisos, uno para chicas y otro para chicos. Y encima, la magnífica azotea desde la que controlamos toda la ciudad entera. Es extraño que sólo con unos metros podamos ver tan lejos, pero es así. Hay que decir que el edificio de al lado tiene una azotea muy muy parecida a las que aparecen en Aladin, cuando va huyendo de los policías y corretea por las azoteas de Arabia. Aquí todo evoca a algo de las películas.

Bien, llegamos y nos dimos una ducha, y fuimos a cenar en la azotea como celebración de mi llegada. Después descubriría que no era así; es imposible estar dentro de la casa de noche teniendo la azotea. Hace mucho calor aquí. Compartimos la comida a la hora de cenar, pero no para desayunar ni para almorzar, porque cada uno tiene un horario distinto y es una locura compartir comida 14 personas tan distintas. Aún así, por raro que parezca, se lleva muy bien, comer 14 juntos.

Cenamos arriba, una experiencia única teniendo en cuenta el lugar, la compañía… Y siendo consciente de que llevaba aquí sólo un día, y la gente me acogió con mucho entusiasmo y nos llevamos muy bien. Es casi como un campamento de verano o un Gran Hermano pero sin peleas; algo así.

Después de la cena, en la azotea aún, la chica coreana nos dio una sesión de yoga imposible. Fue super divertido, Osama (un chico de Jordania) la imitaba, y como estábamos en posturas difíciles, al reír nos caíamos de lado.

Después estuvimos bailando danza turca, que es algo así como dar vueltas con las manos en alto. Aún así, tiene su cosa solemne. Después, danza jordana, que eso sí puedo afirmar que es una mezcla entre el corro de la patata y ‘No rompas más mi pobre corazón’. En serio. Y como no sé bailar flamenco, hice un poco el tonto con ‘cojo la manzana me la como y la tiro’ cuando me tocaba a mí, y cambié de tema.

Más tarde pasamos el tamiz y los sosos se fueron a dormir. Nos quedamos charlando de cosas trascendentales mirando la ciudad hasta demasiado tarde, y nos terminamos yendo porque Ferdinand (un chico alemán) duerme arriba en la azotea, no puede con el calor de su cuarto, y no queríamos molestarle charlando. Lo único malo de dormir allí arriba es que amanece a las 5 de la mañana, así que es incómodo por la luz.

Hay que puntualizar que el mundo entero habla muy bien inglés menos los españoles. Es increíble el nivel que tienen en Jordania, por ejemplo. Y aquí en Túnez, ¡estudian cuatro lenguas!

Para alegría de la comunidad de arquitectos que lea esto, sepan que en Túnez la carrera dura 7 años. Imaginad la tortura. Muero de pensarlo. No sólo porque sea un año y medio más, es que entras sabiendo que te quedan 7 años por delante, te debe destruir las ganas.

Esta mañana comenzó mi idilio con la ciudad de Tunis, (Tunisia es el país, Tunis es la capital) yendo al trabajo. Maram (una chica Jordana, el alma de la fiesta) me acompañó en el autobús, donde descubrí el nuevo mundo de los autobuses jamás limpiados y donde puedes cortar el ambiente con un cuchillito. Lo que más miedo da es el bamboleo; más o menos es como ir en barco. Si olvidas los millones de ojos repasándote, puede ser divertido.

El chico tunecino de IAESTE que me llevó al estudio me dijo antes de llegar que el estudio estaba bastante bien, muy nuevo y tal. Y cuando yo entré por esa puerta comprendí los edificios, las calles, las aceras y lo comprendí todo. El mayor cuchitril en España es un buen sitio aquí. Me viene bien para valorar lo que tengo. Será como estar entre palacios, cuando vuelva a casa.

El jefe no llegó hasta las once, así que podemos estar tranquilos: ser el arquitecto es igual en todas partes.

La chica arquitecta que me explicó todo al llegar resultó ser mi mini-jefa más tarde. Tuve suerte, sabe inglés y francés, un poco de español, es muy simpática, y bastante joven (sobre los 26) así que no es como tener un jefe, realmente. El jefe real llegó y nos puso a trabajar.

Ahora viene lo bueno: moríos todos de envidia, estamos proyectando un centro comercial en la calle más importante de Tunis: Ave Habib Boughriba. No pretendáis que sea el nuevo proyecto de la Zaha, es asimilable a un pitufo unifamiliar de Carmona, ¡pero algo mío será construido en África! Es la caña de España.

El francés va mejorando por momentos, por cierto. Menos mal que se nos ocurrió tomar los mismos orígenes latinos para el idioma :P

A la vuelta del trabajo tardé una hora, yo sola, a la aventura. Os juro que es como ir ciega, es lo mismo. No ves nada familiar, y cuando preguntas la gente pasa de tu culo, así que también es como ir muda. Es cierto que los tunecinos son muy amables, como los egipcios, pero si no te entienden tampoco les entra mucha pena. No saben inglés, así que no hay otra.

Aquí, por si no lo sabíais, la gente tiene el colorcillo más o menos como los marroquís. Todo esto es el Magreb, al fin y al cabo. Aún así, todos me dicen que parezco tunecina, porque es cierto que las mujeres son más claras de piel. Lo más extraño del tema de los colorcillos es el colorcillo de los jordanos: parecen totalmente europeos. Después los ves cantando en árabe y poniéndose el pañuelo para rezar y ¡es bastante raro! Quiero decir que pensaba que todos los árabes parecían moritos. Pues no. De hecho, Osama se parece muchísimo a mi primo Daniel.

Llegué a casa, y Onur (el primer chico turco. Su nombre significa honor) y yo nos fuimos a almorzar. Sorprendentemente, cruzamos la medina andando en cinco minutos, y me encontré casi en mi estudio. Podéis imaginar mi cara cuando me di cuenta.

Nos encontramos en la azotea de un hotel muy famoso con los chicos que han llegado hoy: un griego y un turco, y fuimos a un turco a comer. Se supone que eran Döners (kebap para los amigos… con carne de pavo!!! Turkey – turkey, ¿lo pilláis? Pavo en inglés – el nombre del país) pero le pusieron la salsa tunecina hiper mega extra super picante y diabólica que neutralizó cualquier resquicio de sabor y me destrozó la garganta y el estómago. Para todos ellos, sin embargo, estaba solamente picantito.

La medina me ha decepcionado profundamente. Lo confieso, me imaginaba medinas propiamente dichas, con sus tesoros escondidos, sus artículos artesanos de arcilla o piel… Y es un piojito. Necesito perderme un poco para visitar los otros gremios, porque las calles principales cruzan el mercado de ropa y ese tipo de cosas crutefactas y turísticas. Tuve bastante de eso en Egipto.

Nada más llegar a la casa, no podía creerlo, teníamos que volver al mismo sitio del que veníamos para comprar la comida. Otra vez vuelta…

El supermercado es un timo, porque te confías ciegamente y dices “Qué suerte tengo, comida normal” pero nooooooo… Hay cosas extrañas que ellos llaman comida. Todo tipo de líquidos y polvos en tarros con letreros en árabe… Un laberinto agobiante, y además atestado de tunecinos. Al final me he hecho con provisiones más o menos cotidianas para mí, pero tuvimos que volver andando 30 minutos cargados como mulos. No hay ni un taxi vacío.

Es noche somos dos más con los chicos nuevos, y además vinieron 4 chicos a cenar de la otra casa en La Goulette. Cenamos otra vez arriba, pero nada fuera de lo normal, parece que la multitud ha desvanecido un poco la sana tontería y la confianza. O quizá había demasiada gente con quien hablar y no nos decidimos.

El caso es que me voy a dormir, porque mañana es un día muy largo. Iremos al Museo del Bardo!

Muchos besos a todos… J

Adriana

Pdta: las chicas jordanas me han cambiado el nombre sin querer, ahora soy Andria!!! jajajaja

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