31 julio 2009
¡Nos vamos!
¡Se fue la semana!
¡Hola de nuevo! Me parece que esta tarde nos vamos a subir una montaña del Cabo Bon. Llegaremos allí tardecillo, haremos noche y por la mañana saldremos. Así que deseadme suerte con el camino.
28 julio 2009
Submarinismo :)
Es increíble lo poco productivo que puede llegar a ser un equipo. Cuando uno pamplinea, los demás no pueden avanzar. Así estoy, esperando sin hacer nada desde hace una semana, porque el equipo no rinde.
Cambiando de tema… Túnez.
Ayer tuvimos fiesta de despedida en La Goulette. La Goulette es una zona de la ciudad de Túnez, bastante chunga. No conozco la historia exactamente, pero creo recordar que era un puerto relacionado con Cartago (es la parada anterior del TGM), un enclave importante antiguamente. Ahora mismo, es una zona popular con mucha vida en verano y por la noche (como cualquier otro sitio aquí). A mí personalmente me recordó a las 3.000 viviendas totalmente, sería muy largo de describir. Resumiendo, daba miedo. Allí es donde yo iba a vivir, aunque al final me colocaron en el otro cuchitril, que por lo menos tiene azotea y sala de estar (aunque interior). El caso es que nos invitaron a cenar para despedir a Laura, la chica valenciana. Resulta que como no tienen ni salita, tuvimos que comer en la calle, en un sitio que bien podría servir de escenario para una película de estas de criminales y drogatas. La gracia es que por allí había niños jugando, gente cantando y tocando los timbales… Y en la calle de al lado, una multitud cenando en terracitas, al lado de un fuerte de piedra histórico. Todo está lleno de contrastes. No hubo ningún problema, al fin y al cabo la gente de La Goulette (nuestra gente, los IAESTEs) se han acostumbrado y están más o menos satisfechos; lo mismo que nos pasa a la gente de La Kashba. Al principio te mueres de pena al ver dónde te has metido (“¿Para qué habré venido yo a este país, madre mía?”), como el chico nuevo polaco, que no se le quita la cara de ‘susto-mamá sácame de aquí por favor-espanto -miedo-tierra trágame’ en ningún momento (lleva sólo 3 días, se le pasará). Pero luego asumes que esto es África, que comparado con Egipto es casi un lujo, y que se supone un país avanzado dentro de lo que hay por los alrededores. Así que aprendemos a valorar como tesoros incalculables cosas como una mesa limpia, un rollo de papel higiénico, o una fregona (dios mío, cómo las echo de menos…).
La cena estuvo muy bien, aunque para visitar a los de La Goulette hay que pasar por el trance del TGM. El TGM es un tranvía que conecta Tunis con La Goulette, Cartago, Sidi Bou-Said y La Marsa, entre otros. Se trata del tren que de desecharon hace 30 años en un lejano país europeo, por lo menos, y que por supuesto nunca han limpiado para respetar su solera y su legado histórico. El aire acondicionado, que funciona sólo a veces, consiste en un ventilador casero atornillado al techo. Para remediarlo, se circula con las puertas abiertas, gracias a la solidaridad de los hombres que arriesgan su vida impidiendo que las puertas se cierren cuando reanuda la marcha. En cada vagón pueden caber más personas de las que parece, por supuesto todos tíos, y todos mirándote. Si tienes suerte, nadie te toca la pierna. Por supuesto, siempre (siempre es siempre) tendrás a dos delante hablando en árabe mirándote, para que luego uno de tus amigos árabes te diga que no te quiere explicar lo que estaban diciendo porque era demasiado borde. Por eso, sólo por eso, casi siempre cogemos taxis, y una de las mejores cosas de este país es lo barato que son los taxis. Tirado es quedarse corto.
Así que en general, lo pasamos bien. Como siempre, vayas donde vayas y lleves el tiempo que lleves ya aquí, Túnez no dejará nunca de sorprenderte.
Bueno, eso ayer Lunes… Pero del viaje al Norte no os he comentado nada aún.
El buceo ha sido lo mejor que he hecho desde que llegué aquí. Ha sido increíble. Ahora entiendo la fiebre que tiene la gente con el buceo. Bueno, comentar que la tarde de buceo me ha costado 12€ con todo incluido, mientras que en España me parece que de 200€ no baja, ¿no? Al principio no nos fiábamos, pero finalmente ha sido la mejor experiencia que he tenido desde que llegué.
Tabarka es un pueblecito entre montañas, en la costa. Podéis imaginar qué bonito. Y si además le añadimos una península diminuta pero muy muy alta y escarpada, con un castillo encima… Perfecto, ¿verdad? Pues nosotros fuimos en barco a la punta de la península donde no se identifica ningún rastro de tierra ni de pueblo ni de nada, sólo un peñasco enorme con un castillo encima, y muchísima agua alrededor. No dudé un momento, en cuanto echaron el ancla me tiré a nadar. Era precioso, se veía hasta el fondo, bastante lejos de mí, a unos 6 o 7 metros. Todos se quedaron de piedra, sobre todo las chicas. Se ve que aquí no es normal que las chicas actúen así, pero al final casi todos se animaron. Había dos monitores, y bajaríamos de uno en uno con cada monitor, 15 minutos cada uno. Eso me daba a los sumo unas 3 horas allí; tenía que aprovechar. Bajé la tercera, con bombona, chaleco, aletas, gafas; todo el equipo menos el neopreno. Fue impresionante. No era un paisaje especialmente bonito como en las películas del Caribe, pero la sensación de nadar entre peces no tiene precio. Parecía que el tiempo iba más despacio, al estar a mayor profundidad de la normal parece que el agua es viscosa y cuesta moverte, evidentemente. Se me pasó rapidísimo… Espero no olvidarlo nunca y por supuesto pienso repetir en más sitios. Tenéis que probarlo, no se puede explicar. Igual que rápido que había bajado, tuve que subir otra vez. Mientras los demás buceaban de dos en dos, cogí unas aletas y unas gafas y estuve otras dos horas buceando por otros sitios. Se me unió también David (escocés), y cogimos erizos de mar muertos (estas conchas tan bonitas, esféricas y huecas), intentamos atrapar peces de colores, buscamos conchas, tocamos corales y unas plantas que se encogían y cerraban al tocarlas, nos encaramamos en rocas que sobresalían del mar… Me habría quedado allí durante horas y días. Las jordanas, muertas de frío y sentadas en el barco como la que disfruta de esto todos los días, me preguntaban de dónde sacaba las fuerzas, sorprendidas de mi energía sin haber ni almorzado. La verdad, cualquiera que me conozca se hubiera sorprendido también, pero el mar, a la vez de aterrarme, me encanta. Me tiraría horas y horas y horas nadando, o en una barquita, o en una orilla.
Después del buceo, el resto del fin de semana no tuvo demasiada gracia… el domingo estuvimos todo el día metidos en el minibús, recorriendo carreteras de tierra para ver piedras interesantísimas. Sin ironizar, los dos yacimientos son increíbles, están muy bien conservados, pero sin un guía en condiciones no se puede apreciar su valor real. Además, parece que íbamos de sesión de fotos. Tanto Bulla Regia como Dougga se merecen una visita detenida y analítica, pero en los viajes organizados ya se sabe…
Muchos besos a todos, os tengo que dejar. Esta noche vamos a jugar al fútbol La Kashba vs. La Goulette… ¡Estoy deseando! Por fin algo de movimiento. Hacedme saber de vosotros J ¡Hasta pronto!
26 julio 2009
Finde: Tabarka (submarinismo) - Bulla Regia - Dougga
24 julio 2009
Semana imposible

21 julio 2009
Mi primera visita a obra
Con respecto a la obra… qué miedo. Ni una sola medida de seguridad. Era un edificio de viviendas, tenían hecho el sótano, y las dos primeras plantas con tabiquería. La tercera y la cuarta sólo con la estructura, y estaban desencofrando el quinto forjado (Tenía entendido que una vez se hacen los forjados, se empieza con la tabiquería…). En general, las técnicas de construcción son las mismas, y las mismas chapuzas ‘made in Spain’. Mi jefe me ha estado preguntando cosas para ver qué idea tengo, y las he clavao todas… ¡Si es que yo en mi interior sé mucho de construcción, aunque me cueste exteriorizarlo! jajajaja
Os pongo algunas fotitos para que veáis cómo se sube a la cuarta y la quinta planta… Sí, bajo esa ‘escalera’ hay una caída de muuuuuchos metros. Evidentemente no subimos.
¿Y sabéis qué protección llevábamos? Un sombrero de paja contra el sol. Ole ahí.
Al final fuimos a un cuartito donde el promotor (un hombrecito amable que me hablaba en inglés… ¡¡¡por fin alguien que me habla en inglés!!!) nos tenía preparados unas bebidas y unos pastelitos, como un cumpleaños de un niño chico, sólo faltaban los globos. Y con sus sofás horteras y su mesita de mármol y todo... Bastante extraño.
Y casi lo más interesante de todo: la jefa de obra era una chica super joven con un pañuelo puesto en la cabeza como un pirata y una gorra encima, y una camisa de cuadros gigantesca. Es todo como de coña. La chica resultó ser muy simpática (aunque se dirigía a mí en árabe todo el rato y yo le ponía caras), y el promotor luego me contó que estaba muy contento con ella porque era muy competente. En ese momento la señaló: estaba escalando por la escalera mortífera para decirle algo a un obrero de la quinta planta.
Total, una experiencia inolvidable, desde luego.
Ayer, por fin, me puse el pañuelo. No da tanto calor, pero aprieta. No aguanté más de cinco minutos; la verdad es que agobia bastante sentirse como un periscopio humano. Omnia (egipcia), la única chica que lo lleva, nos lo puso a Zhang y a mí. Nótese que nos lo puso a juego con la ropa que llevábamos. Zhang (coreana) estaba bastante rara, ella decía que parecía un alien, y más o menos era cierto. Sin embargo, como dijo Ferdinand (alemán) le daba un aire exótico que no estaba mal. Yo, en cambio, con la cara de pan que tengo, parecía una muñeca rusa de esas que se abren y siempre sale otra jajajajaja. Aún no tengo las fotos, ya las colgaré.
Respecto a la misteriosa experiencia cultural y religiosa, nada de nada, porque estábamos más de cachondeo que otra cosa (Zhang haciendo de alien musulmán…) y tras hacernos las fotos cambiamos de tema y nos lo quitamos. Supongo que volveré a ponérmelo otro día para ver qué me infunde.
Esta chica, Omnia, lleva desde los 14 con el pañuelo, y se sabe el Corán de memoria (le dije “Capítulo tal” y empezó a recitar… fue increíble. Evidentemente yo no entendía nada, pero estaba allí Kamran, el pakistaní, entrando en trance religioso jajaja). Este tipo de habilidad tiene un nombre, aunque ahora mismo no lo recuerdo. Las personas que son capaces de aprenderlo de memoria son muy apreciadas, porque se considera un don divino.
Se me olvidó comentar, sobre el miércoles de la semana pasada, la visita a Sidi Bou Said con Miriam. Hoy vuelvo a ir con mi madre y mi prima, así que pondré alguna que otra foto. Es precioso, aunque por extraño que parezca, me recuerda a los pueblos blancos de la sierra gaditana... No tiene nada que ver, pero hay algo en común que aún no sé qué es (aparte del encalado y los pavimentos de piedra, evidentemente), porque los paisajes son opuestos. Puede que sea el aire puro, porque en ambos pueblos lo inhalas con fuerza por las cuestas. Supongo que son sólo deja-vùs.
Mi árabe continúa estancado: si hubiera estado todo el mes y medio sola me habría apuntado a un curso, pero teniendo tantas visitas… J
De momento sólo sé decir los números del uno al diez, ‘hola’, ‘adiós’, ‘gracias’, ‘pato’ (las jordanas me llaman ‘pato’ porque dicen que es ‘cute’. ¿Hay alguna traducción mejor para ‘cute’ que ‘adorable’? Me parece horrenda), ‘vamos a comer’, y ‘vamos a nadar’. Aparte, sé cantar algunas canciones chorras, y decir cosas pastelosas. No sé por qué, las jordanas sólo me enseñan palabras pastelosas tipo ‘mi amor’, ‘mi más precioso amor’, ‘cariño’, ‘mi más hermoso pato’ y cosas así totalmente horteras. Que saber eso es como no saber nada, porque no lo puedes ir diciendo por la vida.
Medio por mi cuenta me he puesto a aprender el alfabeto y puedo leer algunas palabras por la calle e incluso escribir nombres de la gente, aunque no tengo oportunidad de mejorar porque en el trabajo sólo me enseñan expresiones para cachondearse, y en mi casa soy yo la que está de cachondeo. El único rato que paso serio en casa son las clases de español que les doy a Heba (jordana), Albert (malasio) y Cristine (siria), así que no hay tiempo para mi árabe. Sé que me arrepentiré de no haber aprovechado esta grandísima oportunidad de aprender árabe, lo sé. Pero bueno. Suficiente experiencia estoy viviendo ya.
Muchos besitos J
17 julio 2009
La fauna de Túnez
16 julio 2009
La noche tunecina
Cosas de Túnez
Ayer, mi ropa sucia me dijo de repente: “Bienvenida a Túnez”. Con tanto ajetreo, me quedé ayer sin ropa limpia literalmente, y pregunté a mis compis por la lavandería. Resulta que además de ser cara, tardan dos días en tenerlo listo (porque lavan a mano, creo…), corres peligro de destinte, e incluso de pérdida (“No lleves nada que te guste especialmente” fue la frase de Ferdinand). Así que fui a una tiendecita diminuta en la medina, y compré detergente para lavar a mano. Esto es como un campamento, pero de mes y medio.
Ayer, paseando por la medina, preguntamos dónde podíamos comprar cuscús. Un chico la mar de amable que hablaba español nos acercó a una tienda pequeña y nos pidió 25 TDN por una bolsita de cuscús y otra más pequeña de té. Eso es como pedirte 15€ por un paquetito de arroz. Fue increíble. Evidentemente te lo puedes esperar, porque se aprovechan de los turistas como quieren, pero es chocante que te digan eso, se queden tan tranquilos, y tengan la cara de protestarte. Después descubrimos que, en total, aquellas dos cosas costaban poco más de medio euro. Impresionante, impresionante. Más tarde, con un tarrito de la especia necesaria para el cuscús nos pidieron otros 15€. Y lo compramos, en ese mismo sitio, a 1,5€. Es todo igual, multiplican los precios porque hay gente a la que le da vergüenza regatear, o no saben… Siempre hay que ofrecer un precio, por ridículo que nos parezca a nosotros, 20 veces más bajo más o menos. Luego, se llega al precio real.
Incluso utilizan frases cómicas, como “Más barato que Carrefour” o “Más barato que Andorra”, como en Egipto, para llamar la atención. Para timarte mejor, te dicen “España gran crisis, yo no engaño”. Además, algunos españoles graciosillos les han enseñado palabras como “Churri” y te llaman así para que vayas a su bazar. Si no vas, sueltan “Cabrona”. Es buenísimo.
Utilizan estrategias de todo tipo para vender, porque aparte de saber todos los idiomas, tienen la increíble habilidad de adivinar de dónde eres exactamente aunque no abras la boca. Es muy divertido. A veces nos hacemos las sordas, y otras veces decimos que somos de China, y las gafas de sol son nuestro gran aliado para pasar de todo el mundo cuando te quieres hacer la sorda.
Siguiendo con este tema (ahora sabréis por qué), Túnez tiene desde hace 20 años el mismo presidente. A principios del s.XX Túnez se independizó de Francia tras poco más de un siglo de colonización, y Habib Bourguiba fue presidente hasta que murió, hace 20 años. Todas las ciudades tienen una avenida con su nombre. Cuando murió, entró a gobierno Ben Ali, el actual. Todas las ciudades tienen una avenida “7 de Noviembre”, el día que entró a Gobernar. Su foto está absolutamente por todas partes, con distintas posturas; dándole la mano al populacho, con la mano en el corazón, con la mirada perdida en el horizonte… Como un book como un país de grande. En nuestra casa hay una foto... En cada bar hay una foto... Cada 500m por la calle hay una foto. Pues bien, resulta que este hombre ha dado mucha protección a las mujeres, comparado con los demás países musulmanes en general. Túnez es uno de los países árabes más avanzado (teniendo una definición peculiar de avanzado), y la pérdida de los valores musulmanes hace que la mujer sea más vulnerable (con respecto a la seguridad por la calle, etc). Por eso, ejercen una gran presión policial para mantener la seguridad, podríamos decir (en cada esquina del centro y las calles importantes, hay policías con metralletas gigantes). Resulta que, por ejemplo, si te molestan (cosa bastante fácil desde la escala de molestia española y europea) y dices que vas a llamar a la policía, salen pitando literalmente, porque les meten un puro. Y si un hombre te manda un sms al móvil insultándote y llamas a la policía, pueden llegar a meterle seis meses en la cárcel. Te podrían decir simplemente “¿Para qué le das tú móvil? Pareces tonta”, pero aquí es muy habitual que pidan el móvil, tanto a hombres como a mujeres, no sé por qué, y la gente resulta que encima lo da. A mí no me ha pasado, pero sí a Omnia, la chica egipcia; a Kamran, el pakistaní; a Ferdinand, el alemán... En todas las ocasiones habían cruzado simplemente un saludo cordial en el taxi o en el metro, y les piden el móvil para llamarles y preguntarles cómo están. Es lo más raro que he visto, porque supongo que el saldo no sobra aquí. Bueno, y a Omnia el taxista le mandó un poema absurdo. Al pedirle su móvil verdadero egipcio y no el tunecino, le dio el número de su padre. Muy bien pensado, jajajaja.
Por esto, en el zoco, son pesadísimos, pero en ningún momento hay que tener miedo porque dices “Policía” y se acabó (nunca he probado, de todas maneras). Puede agobiar (y agobia, y mucho) pero te hacen nada. Estaría bueno.
Hablando de otras cosas… lo que hace mucha falta en esta ciudad son espacios libres. No hay ni una sola plaza, ni plazoleta, ni parque, ni nada de nada; solo el cementerio, una colina verde en medio de la ciudad. Los espacios abiertos no tienen bancos, ni sombra; son lugares de paso. La avenida principal, anchísima y arbolada, no tiene ni un banco. Podría ser un lugar perfecto para poner puestecitos de comida y que la vida nocturna se diera allí, pero creo que tiene que ser la imagen del país y del presidente, y supongo que no conviene que esté petado de gente. El caso es que después del atardecer, todas las rotondas están llenas de gente. Es impresionante, ¡en las rotondas! Como hay césped, y a veces una fuente en el centro, la gente se sienta en las rotondas para pasar el ratito por la noche. Y no como hecho aislado; todas las rotondas se petan de familias y chavales. Es impactante. También ocurre en el césped perimetral de los espacios frontales de los edificios importantes del gobierno. En las típicas franjas ornamentales… Ahí se siente la gente a pasar el rato, como el que está en Central Park.
Un beso a todos!!!
Adriana :)
14 julio 2009
El refrote en el Hammam
Ayer lunes por la tarde fuimos cinco chicas a un verdadero hammam (baño turco), una experiencia imprescindible para vivir el Túnez de verdad. Evidentemente no es una cosa que se haga si estás aquí de vacaciones una semana, pero con IAESTE estamos viviendo el país todo lo real que podemos. Por eso, supimos por mi guía LonelyPlanet que un hammam era imprescindible para comprender mejor esta cultura, y es cierto. Laura, la valenciana, esperaba encontrarse un baño como los que tenemos en España, con sus salas elegantes y relajantes, sus velitas, sus inciensos y sus cosas ‘chic’. Cuando esa niña entró por aquella puerta, me hubiera gustado tener una cámara. Al hammam van las mujeres a lavarse una vez a la semana; sientan en el poyete y se lavan con cubos de agua, como en los dibujos de los libros del imperio romano. Cogíamos agua con los cubos del caldarium (la sala caliente, la sauna en la que había un depósito de agua hirviendo que salía del suelo), la mezclábamos con el agua fría del depósito de la sala principal, nos sentábamos en el poyete central octogonal de azulejos, y así lo pasamos, echándonos agua por encima. Luego dos mujeres vinieron a refrotarnos el cuerpo entero con un estropajo duro para eliminar la primera capa de piel. Daba auténtica grima ver tu piel dejarte atrás e irse con el agua. Dolía muchísimo, nos quedamos rojas y doloridas, pero la piel se siente nueva, es una sensación agradable después de un rato. Allí, todas las mujeres estaban en bragas. Era raro, porque esas mujeres van por la calle tapadas hasta el cuello literalmente. Y nosotras llegamos en bikini y todas nos miraban como diciendo “Qué ridiculez”. Se lavan a conciencia, porque me parece que es sólo allí donde se bañan. Fue una experiencia interesantísima, conocer este aspecto de esta cultura desde dentro.
El increíble viaje al Sur de Túnez.
Por muy fuerte que parezca, hemos recorrido casi todo el país en cuatro días, por ser del tamaño de Andalucía, aproximadamente. Por supuesto, hemos estado casi todo el tiempo metidos en el maldito autobús, que daba unos saltos y vaivenes aterradores, pero ha valido la pena. Hemos estado en el Sahara montando en camello, en un oasis de palmeras, en un nacimiento de agua en medio del desierto con una cascada preciosa donde hemos nadado, en un lago seco de sal, en una isla virgen, en un barco pirata… Y mil cosas más. Paciencia, va a ser largo de contar, muy largo.
Decidimos ir al viaje el día antes por la noche, un poco precipitado. Fue porque yo pensaba que Miriam llegaba el viernes, por lo que habíamos dicho que no íbamos al viaje porque nos perdíamos los dos primeros días, que eran los mejores. El miércoles 8 por la tarde me enteré de que Miriam llegaba el jueves a las 8 de la mañana, así que aprovechamos, porque era un viaje buenísimo e increíblemente barato (100€ todo incluido).
El Jueves 9 por la mañana la recogí muy temprano del aeropuerto y fuimos en taxi a la estación de louages. Los louages son taxis colectivos; furgonetas de 9 plazas. Por raro que parezca, son mejores que los autobuses aquí. Al menos el que nosotros cogimos estaba muy limpio y nuevecito. Los autobuses son otro mundo escabroso. Cogiendo un louage, te cobran una cantidad bastante pequeña por el transporte, y compartes el viaje con otras 7 personas.
Lo único malo de los louages es que al lado tuyo se sienta un hombre. Y no es que pase nada ni te haga nada, es que te mira fijamente como cuando juegas a “A ver quién aguanta más tiempo sin reírse” pero en la versión “Me estoy empezando a cabrear, deja de mirarme ya”. La cosa es que los árabes son muy religiosos, y cuando llevas unos días empiezas a notar que por mucho que te miren no te van a hacer nada. Es una sensación extraña, son respetuosos con su religión aunque parezca que se te van a abalanzar. Los jóvenes sin embargo no son así; no son tan creyentes y se ponen a hablarte o incluso a andar al lado tuyo siguiéndote. Pero la sensación de extraña seguridad es inquietante, porque por un lado es ficticia (no te puedes confiar de que no te vaya a pasar nada), y por otro lado es real, porque las mujeres árabes me lo confirman. Quien es buen musulmán no es peligroso, pero ¿cómo lo distingo yo?
El día que fuimos al parque de atracciones, nos montamos en el taxi una siria, una coreana, un turco, y yo. El taxista al rato empezó a soltarle borderíos a la coreana, y la siria se puso a hacer pucheritos por el miedo; ella entendía lo que estaba diciendo, porque ambos hablaban árabe. A saber qué estaba diciendo. El turco sin embargo como no se enteraba de nada se tiró todo el tiempo mirando por la ventana pasando del tema, y la coreana cabreada mirando para abajo. En esa situación, ¿Qué se puede hacer? Veíamos el parque de atracciones pero el tío no paraba, y conducía sin mirar la carretera. Justo cuando iba a ponerme a gritar para que parase el coche, paró y nos bajamos. Fue un gran trauma, porque todos los demás taxistas han sido siempre fantásticos con nosotros. Pero esa es la cosa, siempre te puede tocar un colgao igual que en cualquier otro país.
El tema es que los demás IAESTEs nos esperaban en Kairouán, una ciudad en el centro del país. Ellos habían salido de la capital en autobús más temprano, así que darían una vuelta por el zoco, verían alfombras (esta ciudad es famosa por sus alfombras y por sus dulces) y esperarían hasta que llegásemos nosotras. Así ocurrió, y al llegar fuimos a visitar la Gran Mezquita.
En este viaje éramos unos 35 en total, cada uno de un país (aunque hay algunos repes, por ejemplo somos 4 españoles + Miriam). Miriam se sorprendió de la diversidad, y de la dificultad de los nombres extranjeros, jajajaja.
La mezquita es preciosa, aunque no pudimos entrar en el recinto de oración porque estaba reservado para musulmanes. Sin embargo, casi todos aquí son musulmanes y bastante creyentes y practicantes, pero tampoco pudieron entrar. En el centro del patio había un sumidero de mármol precioso, para recoger el agua de lluvia, y debajo de nosotros una cisterna gigante que no pudimos visitar. La arcada perimetral del patio se construyó mediante despiece de otros monumentos romanos, egipcios, griegos… Así que cada columna, cada capitel y cada basa eran de su padre y de su madre. Super interesante.
Después de esto nos llevaron a una pastelería por si queríamos dulces de Kairouán, famosos en todo el país. La verdad es que están buenísimos. Son de dátiles, de naranja, de almendras, de miel…
Y al dejar Kairouán, más viaje: unas 5 horas hacia Tozeur, la ciudad desde la que parten las expediciones de 4x4 al desierto. No me podía creer el hotel al que nos llevaban: un cuatro estrellas increíble. Cenamos de buffet, y estuvimos un buen rato en la piscina, todo un lujazo, de verdad. Después de eso, fuimos al museo de la ciudad. Era un sitio precioso, con unos patios y una decoración increíbles, pero se gastaron todo el dineral en la decoración, y cuando tuvieron que hacer los maniquíes ya no les quedaba un duro y montaron un taller de verano para niños del pueblo, para fabricarlos (es broma). El museo en cuestión ilustra la historia de Túnez desde la época de los dinosaurios hasta hoy con muchísimo realismo (menos en el caso de los dinosaurios y la época en que el hombre aún era mono, porque es difícil conseguir que sean realistas). En serio, todo estaba cuidado hasta el más mínimo detalle, pero los personajes protagonistas de las escenas estaban hechos como de cartón piedra, lo más cutre del mundo entero, y por supuesto le quitaba todo el mérito a lo demás. Los neandertales tenían 4 dedos de polvo encima, y los matojos de pelo corporal eran asquerosos. Había una estancia real de la época de la colonización francesa increíble, con las vestimentas de la época… pero el maldito muñeco daba asco. No entiendo porqué pusieron esos maniquíes, destrozaron el museo el día que los pusieron. Por lo demás, estábamos super cansados y lo vimos bastante rápido, además de por querer huir de los maniquíes asesinos. Por supuesto, algunos se quedaron de marcha en la piscina por la noche pero yo caí como un saco de harina en la cama y ahí me quedé, en la misma posición hasta por la mañana, jajajaja.
Al día siguiente, el viernes, nos esperaba una expedición en 4x4 por el desierto. Los coches estos (si es que son coches, porque nunca había visto un coche andar casi en vertical) son increíbles, fuimos por encima de las dunas derrapando, por encima de matojos, botando con las piedras… La primera parada fue en una duna grande, desde donde se veía el desierto donde se rodó una escena de Star Wars. Allí ya nos esperaban niños y mayores a vendernos baratijas, pero he de decir que los tunecinos son más pesados que los egipcios. Te ponen las pulseras en la cara, literalmente. Una de la veces me asusté y le di un manotazo a un hombre que me estaba refregando pulseras por la cara; increíble. Lo más sorprendente del Sahara, sin ninguna duda, es la arena. Es más fina que el polvo, cuando la tocas es como tocar agua. Y si la tiras al aire cuando hay viento, se dibujan formas al moverse, como los salvapantallas estrambóticos de líneas de colores en Windows, que son funciones matemáticas. Te hundes lentamente, y está muy caliente bajo la primera capa, al contrario que en la playa. Desde luego, la arena es lo que más me ha gustado del desierto.
Luego nos llevaron al decorado real del pueblo donde nació Skywalker (de Star Wars), aquel pueblecito en medio del desierto. Está exactamente igual que en la película, pero sin monstruos y sin naves. Bueno, y con vendedores acosadores añadidos. Podías entrar en las casas, que sólo eran un cascarón, y si en alguna ventana tenía que asomarse alguien en una escena de la película, había un telescopio hacia dentro para que pareciese que el muro medía un metro de grosor. Desde allí, podías acercarte a las dunas, y ver el desierto alrededor. Al fondo había unas montañas yermas enormes que son las que separan Túnez de Argelia. Es precioso.
Volvimos a montar en el 4x4, y nos llevaron al territorio donde Skywalker corrió con su nave en la película. O eso fue lo que yo entendí. Era un paisaje totalmente muerto, sólo de pensar que nos quedáramos sin gasolina me moría. Sin embargo, algo increíble, teníamos cobertura todo el tiempo. ¿Cómo puede ser que haya cobertura en el Sahara y no en el Cerro? Es un enigma sin resolver. Allí, entre peñascos, los 4x4 se pusieron a hacer acrobacias, y como yo estaba de copiloto, creía que me moría literalmente. Nos íbamos matar allí, en medio de la nada, donde el primer hospital estaba a millones de millones de kilómetros y las ambulancias aún así no existen, ni los helicópteros, ni nada, porque estás en el fin del mundo. Pero al final resultó que los 4x4 que llevábamos eran como arañas o algo parecido… No se despegaban del suelo, aún sigo preguntándome cómo. Íbamos a toda velocidad hacia una pared inclinada que al final se ponía en vertical, y al llegar al final girábamos para caer de lado, como los skaters en una U más o menos. Me moría, vamos. Luego subimos una cuesta de 200% de pendiente y al bajarla me veo que no hay suelo porque está a 89º de la horizontal. Me moría, me moría. Supongo que la impresión tan grande será por estar de copiloto. Por fin el hombre se aburrió de intentar matarnos y seguimos dando botes hacia otra parte, todo el grupo de coches, como en una persecución de una película. Paramos poco más adelante, para subir a un pedrusco gigante en el que nos podíamos haber matado todos pero estábamos felices allí montados. Además el chico indio se montó en el último pico al que se podía montar, como siempre; una de las chicas por poco de despeña y no sabíamos como bajar de lo empinado que estaba aquello... Pero las vistas eran increíbles.
Después volvimos a salir, y vimos a lo lejos una masa verde oscuro en medio de unos riscos rojos: el oasis de Chebika. Era un oasis en el que casualmente habían vivido los ancestros de nuestro conductor. Donde se asentaba, había un relieve muy escarpado del que surgía el nacimiento de agua, que corría entre los riscos, para esparcirse por la llanura. Incluso entre los riscos estaba todo lleno de palmeras. El palmeral lo había plantado el hombre hace muchos siglos, desordenado y apelotonado, como con desesperación por hacer menos hostil el paisaje. Era extraño ver un pegotón de montañas derramando palmeras alrededor, en medio de la nada. Primero atravesamos el antiguo poblado del oasis, en la cima de un risco desde el que se veía todo el desierto alrededor. Fuimos luego al pequeño nacimiento atravesando una garganta. Erauna grutita en una roca, y nos metimos desesperadamente en el charquito de agua limpia; hacía un calor de muerte. El chico bosnio hasta se metió entero en un charco grande de color extraño en el que había muchas ranas; es un tío enorme que suda a chorros, estaba agobiado con el calor y se tiró de cabeza.
Después de eso, fuimos siguiendo el cursito del agua entre los riscos y las palmeras, era precioso… Pero en todos los lugares especialmente bonitos había un puesto con rosas del desierto y piedras con cristales de sal en el interior, pulseras, y horteradas varias. Es horrible, están por todas partes. Lo más grande es que creen que son los primeros en toparse contigo e intentan quedarse contigo; tienen la cara como el cemento. Cuando se dan cuenta de que no te han podido timar, rebajan el precio a un 10% del inicial, diciéndote el precio real. Vimos también a unos chavales andando, y cuando pasamos por al lado, nos vemos que uno de ellos tiene en la mano un lagarto gordo y grande, con aspecto de dragoncito inofensivo. Al principio daba miedo, pero se lo pusieron a Cris (el chico de Malta) en la camiseta agarradito con las garras, y se quedaba quieto quieto, ¡más bueno el lagartito…! Yo le pasé el dedo por encima y daba asquito, porque se le notaban los huesos debajo de la piel escamosa fina. La cola era de un auténtico dragoncito, con pinchos. Y al pobre le ponían el dedo delante de la boca y se quedaba quietecito; decían que comía escorpiones. Yo, por supuesto, dije que era un gato porque era muy blando cuando le conocías mejor.
Después de este oasis, fuimos a otro mucho más bonito aún: Tamarza. Una cascada enorme, formando una cuenca de agua literalmente metida entre paredes de roca. Por supuesto, también había un asentamiento de puestos cutres antes de llegar a la cascada. Estuvimos nadando, y tras la cascada podías seguir por una parte más profunda con las paredes de piedra de alrededor más altas aún. Estando allí, entró a nadar el típico tío delgado y musculoso, negro y con trencitas en el pelo, y en bóxers. Fue a un lateral, y se puso a escalar. Yo pensaba “La estás cagando” porque la pared en ese punto no sólo estaba vertical, sino que se venía hacía ti inclinada. Pues el tío escaló toda la pared con las manos y los pies desnudos (unos 8 o 9 metros), con por supuesto una audiencia incondicional ya. Bueno pues cuando llegó arriba, estuvo postureando un buen rato, y cuando le pareció conveniente de repente se dejó caer hacia delante. Se quedó inmóvil en el aire en horizontal, mirando hacia abajo, fue impresionante. Miró alrededor mientras caía, con las manos a los lados del cuerpo. Y cuando estaba cerca del agua, tranquilamente llevó las manos adelante para caer de cabeza. Encima, se tiró hacia las rocas, justo debajo de la cascada. Yo no me acuerdo ya de la física de bachillerato por lo que no sé a qué velocidad podía caer (ni cuál llega antes al suelo, un kilo de paja o un kilo de hierro), pero yo digo que ese hombre voló delante nuestra. Los niños de nuestro grupo ya se picaron y se tiraron unos cuantos, pero dando la vuelta al risco (ni Barti, un italiano típico, tuvo lo que hay que tener para escalar la pared, mira que lo intentó) y tirándose patéticamente de culo; evidentemente de cabeza no se iba a tirar nadie, aquello daba un miedo horrible. Fue la caña; puedo decir que he visto a un tío volar en un oasis del Sahara. Estuve un buen rato tomando el sol en una roca en medio de la pequeña cuenca, nadamos, y al buen rato nos fuimos de nuevo.
Volvimos en los 4x4 al hotel, ya eran las 2 de la tarde. La comida de los buffets de aquí es un intento de comida occidental, o una adaptación más o menos conseguida, bastante buena. Tras el almuerzo, volvimos al autobús maldito. Íbamos a Douz a montar en camello por el Sahara, y luego hacia Matmata. Estuvimos otra vez unas 4 horas metidos en el autobús, temiendo por nuestra vida.
Aquí el tráfico está mucho mejor regulado que en Egipto, aunque no tanto como en Europa. Hay semáforos, respetan las líneas viales, etc. Aún así, no se respetan las velocidades límite, y nuestro autobusero es aficionado al slalom, como decían los chavales organizadores de IAESTE Tunis. Este hombre se dedica a hacer adelantamientos que encogen el corazón. Nosotras, de hecho, estuvimos buena parte del viaje en el primer asiento, por ser el más cómodo y el más fresco. Sin embargo, llegó un momento que nos fuimos atrás por miedo a que si teníamos un accidente saliéramos disparadas por el parabrisas. Era escabroso asumir que podías tener un accidente, y hacer lo posible por salir lo menos herida posible. En la parte de atrás quizás hubiera más posibilidades de salvarse. Esto es así porque empezaba un adelantamiento aún viendo que venían coches de frente, y los que venían de frente tenían que salirse de la carretera. Una de las veces adelantó a un coche que YA estaba adelantando a otro, porque lo que NOSOTROS nos tuvimos que salir de la carretera. Esto fue la gota que colmó el vaso, y los organizadores hablaron con él seriamente. El problema es que él pasaba del tema. Lo que aún no he dicho es que estando nosotras dos en el primer asiento, Onur (el chico turco) se fue hacia atrás con cara de asustado, y les dijo a los organizadores que se pusieran con él y le hablaran, porque… ¡¡¡ se estaba quedando dormido!!! Entonces nosotras nos empezamos a fijar, porque le veíamos la cara desde nuestro ángulo, y era cierto. Se le cerraban los ojos unos 3 segundos y luego los abría corriendo, y subía la vista a la carretera. El pánico nos invadió evidentemente, porque estábamos en medio de la nada y sin conductor de repuesto. Además el hombre insistía en no tomarse un café, ni en refrescarse la cara con agua. Algo aterrador, sinceramente. Al final salimos vivas, pero todos lo pasamos un poco mal.
Por la tarde llegamos a Douz, directamente al paseo en camello. Nos vistieron con una túnica de rayas blanca y negra supuestamente bereber (era en todo caso de la época bereber, porque tenía bastante solera) y un pañuelo rojo que nos cubría toda la cara y la cabeza menos los ojos. Se agradecía, porque la arena se te metía por la nariz, las orejas, la boca… Teníamos que ir con gafas de sol para que no nos entrase arena en los ojos, aunque no era una arena molesta como la de aquí, que notas el grano. Los camellos (en realidad dromedarios) estaban igual de percudíos (en honor a Jara) que los egipcios, pero los asientos eran comodísimos. Dimos una vuelta por las dunas, subiendo y bajando, y teníamos un hombre mayor por cada 5 o 6 camellos. De vez en cuando paraban y se ponían a cantar en árabe, como intentando que la experiencia fuera más exótica aún. El desierto es enrome, enorme. No nos alejamos del punto visible para no perdernos, pero se podía apreciar la grandeza e inmensidad, daba la sensación de no acabar. Aquí, la arena era aún más fina.
Tras la experiencia, volvimos al autobús, hasta Matmata. Este pueblo es famoso por las viviendas bereberes trogloditas subterráneas, pero sólo pasamos la noche allí, no vimos las viviendas. Desde luego, tiene delito. Además, estábamos cerquísima de Tataouine (el pueblo bereber donde rodaron otras escenas de Star Wars) y tampoco nos daba tiempo de ir, no se puede hacer todo. El hotel por fuera y en la recepción era lo más hortero, y al llegar al patio central, todo estaba ambientado con mucho acierto en las viviendas trogloditas, ¿por qué lo harían de esa forma? Las habitaciones del hotel eran gigantescas, sin exagerar podía montarse un pisito de esos de 40 metros cuadrados sin ningún problema. Por supuesto, volví a caer muerta en la cama, porque al día siguiente nos esperaba nuestro querido autobús a las 5:30 de la mañana (me tenía que levantar a las 4:30: ¡¡Noooooooo…!!).
Así lo hicimos, y tuvimos otras 4 horas de autobús hasta Djerba incluyendo un ferry, porque Djerba es una isla. Fuimos directamente al puerto, donde nos esperaba un barco pirata. Si lo pensabas detenidamente era horrendo ir en un barco pirata sin velas y con música dance a todo volumen, pero el paisaje era precioso y me encanta navegar, porque lo que el tunecino disfrazado cutremente de pirata me pasó desapercibido. A lo lejos se veía un cúmulo de barcos pirata igual de horrendos en una lengua de arena preciosa. Al llegar, había simples pasarelas de madera para llegar a la arena, y una techumbre de palmas. Nada edificado, estaba todo casi virgen. La orilla es la que estábamos era totalmente transparente y limpia, con arena fina, aquello parecía mentira. La otra orilla de la lengua de tierra (nos dijeron que era una isla pero lo dudo) se veía a unos 150 o 200 metros, atestada de turistas. Aquello era precioso, una bolsita de arena en medio del mar. Lo horrible eran los barcos piratas y los miles de turistas europeos. Fuimos a la playa a bañarnos, dimos un paseo para tener una perspectiva de cómo de grande era, y a las doce fuimos a la techumbre de palma a comer. Era un simple comedor sobre la arena de la playa. Estábamos allí unas 300 personas (alemanes, franceses e italianos) esperando para comer, y los piratas llamaron a todas las mujeres para que trajéramos los gigantescos boles de comida entre dos, mientras tocaban y cantaban. Estaba todo muy bien organizado, y la comida estaba buenísima. Después de comer, hicieron una especie de actuación cómica sobre los turistas franceses, italianos y alemanes que van a Túnez. La verdad es que fue muy gracioso, la hicieron los mismos tíos que servían la comida y conducían los barcos. Pasamos un buen rato, la verdad. Volviendo fue igual de agradable, el paisaje, la brisa marina… abstrayéndome del barco pirata papanatas y hortera.
Esa tarde volvió a ser al completo de viaje hacia otra ciudad que no tenía ningún atractivo en especial. Al ir al hotel, nos duchamos y propusieron ir a una especie de recinto turístico en el que había tiendas, un museo, y cocodrilos. No fue casi nadie por lo poco tentador de la oferta, y estuvimos dando un paseo por la ciudad, por la medina, y fuimos al fuerte. Es un castillo antiguo a la orilla del mar, una estampa preciosa. Lo malo fue que nos perdimos la puesta de sol por muy poco. Tras esto, entramos en un restaurante típico a comer, aunque aquí en todas partes hay pizza, panninis, bocatas y ese tipo de comida, para los turistas. Así que comimos la mar de bien, en un sitio ambientado con sedas colgando, y pufs y mesas bajas. Tras esto, volvimos al hotel. Este hotel nos sorprendió para mal, acostumbrados a los pedazos de hoteles a los que nos habían llevado en este viaje, este era de dos estrellas, muy normal. Alguna gente (unos 5 o 6) fue a la discoteca, aunque la mayoría estábamos reventados. Esa noche dormí casi 10 horas, no me lo podía creer.
El desayuno del día siguiente consistió en pan duro; fue un trauma después de estar en el buffet del primer hotel, donde había todo lo imaginable. Pero estamos ya curtidos, así que nos aguantamos, jajajaja. El domingo consistió en viajar, otra vez. Desde las 9 de la mañana, hasta las 9 de la noche. Paramos sólo para comer, para comprar zumo de palmera en un puesto que parecía una casetilla cubana de ron, hecha de palmas y apoyada en una palmera; y para ver el gran coliseo romano de El-Jem.
A las 2, el conductor fue obligado a parar para tomar un café, por fin, y bajamos a comer al final. Fue una experiencia la mar de desagradable, porque nos habían ofrecido comer una barbacoa de cordero (cosa bastante apetecible), pero en cambio resultó que tenían media oveja colgada de un gancho al aire libre al lado de donde comíamos y con el pellejo todavía medio puesto, de la que cortaron cachos, los cortaron y los pusieron a la brasa. La mitad de la gente almorzó galletas de la fatiga que daba todo aquello, aunque nosotras lo tomamos como una oportunidad para vivir una aventura africana. Comimos y estaba realmente buenísimo, aunque tengo que reconocer que después me entró un poco de fatiga al ser consciente de dónde había comido, viendo todas aquellas moscas… Total, nos fuimos de allí pitando tras comer. Nos acordamos mucho de alguna amiga que otra, que hubiera puesto el grito en el cielo si su autobús hubiera parado en un sitio como ése J
Tras alguna hora más en el bus, paramos en una carretera en la que había, cada 10 metros, un puestecito apoyado en una palmera, con un sombrajo de palmas, y unos bidones termo. ¡Resulta que vendían zumo de palmera! Que por cierto es como chupar una rama. Pero a la gente le gustó.
No parábamos de ver unos puestecillos (sin ni si quiera sombrajo, simplemente una tabla donde apoyar cosas) con muchos bidones llenos de algún líquido misterioso. Estaban por todas partes, esos bidones pequeños de mano, los vendían a pie de carretera. En uno de ellos, por fin pudimos leer en letras latinas “Gasoil”. Sí, son las gasolineras tunecinas. Es un puntazo.
Por fin llegamos a El-Jem, la ciudad del gran Coliseo romano, el tercero más importante del imperio. Tenía capacidad para 30.000 personas, muchas más de lo que la propia ciudad podía disponer. Esto ocurría a menudo con los coliseos. La verdad es que era impresionante, estaba increíblemente bien conservado. Lo más grande es que estaba cerrado, sólo pudimos verlo por fuera. Como aquí el internet no está igual de desarrollado, no acostumbran a mirar horarios ni nada de eso (igual que con el parque de cocodrilos, que también se lo encontraron cerrado), así que vamos a la aventura por la vida. Menos mal que hay móviles.
Alrededor del coliseo había tiendas de antigüedades bastante interesantes, y uno de los puestos tenía monedas antiguas. Algunas parecían reales, y sentí curiosidad por una especial, que parecía realmente antigua. El hombre evidentemente me va a asegurar que es verdadera, pero ¿qué pasa si lleva razón? ¿Van vendiendo antigüedades a los turistas? Vi en la tele que un alicantino compró una piedra en Turquía que resultó tener 1500 años y estuvo un mes y medio en una cárcel turca, tipo “Expreso de medianoche”, así que pasé de comprarla.
Por fin, tras otras 3 horas de viaje, llegamos. Nos encontramos con un regalo de bienvenida: un chico de Malasia, que vivía en Escocia. Por lo tanto, no se le entiende nada (los escoceses son incomprensibles) , y tiene cara de chinito mandarín con un pelucón afro.
¡¡Fin del viaje al Sur de Túnez!! Ha sido una experiencia increíble que os recomiendo encarecidamente, aunque sea una auténtica paliza tanto autobús.
¡He estado en el Sahara!
08 julio 2009
¡¡Sahara, allá vamos!!
07 julio 2009
Museo del Bardo
La kasaba
El día de hoy...
Hoy he caminado al trabajo, hay una media hora hasta aquí (estoy en el estudio). Salí a las 7:30 y ya estábamos a más de 35ºC, es increíble. Cerca de la oficina, las calles son antiguas, por estar en el centro, cerca del antiguo puerto. Hay talleres artesanales tradicionales, pero nada parecido a lo que nos podemos imaginar. Por ejemplo, me llaman la atención dos carpinterías. Cuando abren, sacan una mesa ruinosa a la calle, porque dentro por supuesto no caben. A las 8 ya están dando martillazos, lijando… todo a mano. Dentro, el local tiene una alfombra de virutas que les llega por los tobillos. Hacen puertas, mesas, y muebles de ese tipo en la calle; si se pudiera observar cómodamente me encantaría acercarme a ver. Por supuesto, ni se me ocurre. He descubierto también una gran librería moderna tan buena como las nuestras, aunque no me daba tiempo de entrar.
Aquí se escucha una emisora de radio tunecina que es todo en francés, y tienen una hora de italiano, otra de español y otra de alemán cada día. ¿Qué os dije de la educación? Bueno, el caso es que aquí Julio Iglesias es el crack, hasta la chica joven del estudio se sabe las canciones. Cuando dije que no conocía la canción (‘Je ne change pas’) por poco me echan.
Aquí en el estudio, tengo una mesa corrida grande compartida, y el hombre que trabaja a mi lado (sólo me guío por lo ocurrido ayer, porque hoy acaba de llegar) se tira todo el tiempo saliendo a la terraza a fumar. No hace nada en todo el día, sólo levantarse a fumar. Es increíble, en serio, simplemente fuma, fuma y fuma. No contratéis a fumadores empedernidos, no hacen el huevo. Aparte, no sé qué le pasa, pero no me saluda. Cuando me vio, miró para otro lado. ¡Está sentado al lado mío, no puede disimular mucho! Hay gente rara por el mundo. Tengo suerte de estar en este sitio, porque tengo la pared detrás y puedo pamplinear. Aunque no tengo internet, así que… Sinceramente, soy la que más trabaja aquí. Si hubiera internet sería otro tema, pero ellos se tiran todo el día de pie chapurreando árabe y riéndose, así que lo que hago es quedarme trabajando.
Aparte de todo esto, merecen una mención especial los GATOOSSSSSSSSS!!!!
Están por todas partes, subidos a los toldos, a los poyetes, les falta andar con las patitas por encima de las cabezas de la gente por la tarde en la medina. No se cabe literalmente, es como Sevilla en Semana Santa, todas las tardes. Así que no se caerían al suelo. Por supuesto están famélicos y asquerosos, pero son iguales que los nuestros J ¡No son morenitos! Y saben decir MIAU igual que los demás.
Lo mosqueante es que todavía no he visto un solo perro. ¿Se los comerán, igual que los chinos los gatos?
Ayer me hizo mucha gracia; me acerqué a una mujer para preguntarle por la Porte la France (la salida de la medina), y me puso LA MISMA CARA que ponemos nosotros cuando nos quieren vender Klinex en un semáforo o un chungo nos pide 20 céntimos para el autobús. Me quedé a cuadros. Aquí soy la vendeklinex, es interesante estar en este papel para ver cómo es, ya os contaré cómo me va el negocio :P
Sobre los pantalones que ahora se han puesto de moda en España (hace más o menos un año), estos que mi mi tía Pauli calificaría como ‘cagaos’… ¡¡Son tradicionales tunecinos!! ¿Os suena de Aladin? La cosa es que la gente me mira raro cuando los llevo, y es que son la vestimenta antigua de los hombres. Es como si viéramos a un guiri por la calle vestido de corto, o algo parecido. Aún así, todos los compañeros extranjeros quieren uno.
¡Un beso a todos!
Adriana J
Seguimos con los primeros días en Túnez
¡Hola de nuevo!
Os contaré qué tal la velada de esta noche más adelante, cuando me ponga al día.
Olvidé decir que aquí escuchan la misma música que allí… La música house es bastante buena, está por todas partes (hasta en los barcos piratas. Tienen una atracción turística que consiste en ir en un barco pirata con los mástiles vacíos, dando vueltas frente a la playa y con house a toda pastilla… una cosa totalmente hortera a la que pretenden que vayamos… ya veremos), y la ponen demasiado alta. Incluso a las 4 de la tarde, en una terraza de la playa, ponen house al mismo volumen que en España lo ponen en una discoteca, así que es imposible sentarse a disfrutar de las vistas.
Bueno, siguiendo cronológicamente, nos quedamos en la discoteca, me parece…
Para ir al hotel a dormir, nos esperaba un autobús como los de las películas en los que nunca jamás te gustaría montarte, pero ya digo, no estaba tan mal. He llegado incluso a acostumbrarme a estar siempre bañada por una película de sudor que jamás desaparece; los autobuses por supuesto no tienen aire, así que el ambiente casi que alimenta. En el autobús de línea, por ejemplo, tienen un sistema interesante: puedes montarte por cualquier puerta, de hecho el conductor no cobra, sino que hay un hombre en una silla giratoria apostado en un cubículo que te da tu billete, y está en la parte de atrás del autobús. Esta mañana, en mi primera experiencia con los autobuses públicos, el cobrador-de-billetes se secaba el sudor de la frente con el taquito de billetes que aún no había vendido. Es así de natural. Interesante la aventura de coger un autobús público sola; toca más tarde.
El hotel, a pie de playa, tenía la misma solera que cada sitio aquí. Aún así, tuve mucha suerte y me tocó una habitación individual por llegar la última. Aquí veis las fotos de las vistas de la habitación: realmente, un destino de vacaciones, aunque desde luego el hotel NO. (Las fotos son con el móvil, he descubierto mi nueva cámara perfecta: suficiente calidad, gran comodidad)
La playa parecía realmente buena, ha sido un gusto pasar por ese hotel sólo para pensar que he tenido la suerte de tener esas vistas paradisíacas desde la habitación de mi hotel.
Por la mañana, el chico trajo el desayuno a mi habitación, y lo puso en la terraza. Ya desayunando, el calor entró en acción, pero aún así, me sentía como una sultana en mi oasis.
La actividad programada para la mañana era ir a la playa. El mar, nada que ver con el nuestro. Absolutamente quieto y transparente. Fuimos nadando a la parte de las rocas, que parecía que se podía andar, pero daba esa impresión por la transparencia del agua: estaban a tres metros debajo de nosotros. Vimos peces plateados, y pequeñas islas de arena sobre las rocas… un paisaje increíble, difícil de imaginar. Habría dado mucho por una cámara submarina en ese momento.
En el almuerzo, nada especial, sólo el nombre del local: “El sombrero”. Me comí una pizza, en un restaurante de decoración mejicana, en Túnez, en la misma mesa que un turco, un bosnio, una americana, una alemana y un escocés. Muy interesante.
Los organizadores, estudiantes tunecinos pertenecientes a IAESTE como nosotros, nos dieron a elegir entre ir a otra playa o ir a una medina artificial construida hacía sólo 6 años, así que decidí ir a la playa, porque la medina era una patraña y no encontraría una mejor que la que estaba frente a mi casa en Tunis. Sólo 5 de nosotros fuimos a la playa.
Esta sí era más atlántica. El mar estaba más templado, con muchas olas. Jugamos al fútbol y al voleibol, y encima de nosotros había algunos paracaídas arrastrados por una lancha (no sé el nombre exacto de este deporte). La cosa de contar esto es que hubo una especie de incidente, un paracaídas empezó a descender muy rápido y muy cerca, y la persona que iba colgando parecía estar luchando por mantenerse agarrado, como a punto de caer. Cuando estaba casi en el suelo, vimos que era el monitor y llevaba delante un niño pequeño. Imaginad qué trauma.
La playa de por la tarde fue mucho mejor, pero ya estaba agotada. Nos recogieron, y volvimos a la casa. Dentro del propio autobús estuvimos bailando danza del vientre, danza árabe (que no es lo mismo), practicando algo de yoga, empezando a aprender árabe, cantando los himnos de cada país, aprendiendo canciones en árabe… Y llegamos.
La casa (que casualmente está en La Casba, en árabe) es un edificio muy antiguo, en la medina de Tunis, en la misma calle que el ministerio de defensa, y el despacho del primer ministro. Imaginaréis unas calles anchas, limpias, luminosas… ¡Y no tienen nada que ver! Este trazado es árabe, los edificios se caen a pedazos y las ruinas antiguas se mezclan con las horteradas actuales. Por no decir que la vegetación tiene pleno derecho.
La casa en sí tiene dos pisos, uno para chicas y otro para chicos. Y encima, la magnífica azotea desde la que controlamos toda la ciudad entera. Es extraño que sólo con unos metros podamos ver tan lejos, pero es así. Hay que decir que el edificio de al lado tiene una azotea muy muy parecida a las que aparecen en Aladin, cuando va huyendo de los policías y corretea por las azoteas de Arabia. Aquí todo evoca a algo de las películas.
Bien, llegamos y nos dimos una ducha, y fuimos a cenar en la azotea como celebración de mi llegada. Después descubriría que no era así; es imposible estar dentro de la casa de noche teniendo la azotea. Hace mucho calor aquí. Compartimos la comida a la hora de cenar, pero no para desayunar ni para almorzar, porque cada uno tiene un horario distinto y es una locura compartir comida 14 personas tan distintas. Aún así, por raro que parezca, se lleva muy bien, comer 14 juntos.
Cenamos arriba, una experiencia única teniendo en cuenta el lugar, la compañía… Y siendo consciente de que llevaba aquí sólo un día, y la gente me acogió con mucho entusiasmo y nos llevamos muy bien. Es casi como un campamento de verano o un Gran Hermano pero sin peleas; algo así.
Después de la cena, en la azotea aún, la chica coreana nos dio una sesión de yoga imposible. Fue super divertido, Osama (un chico de Jordania) la imitaba, y como estábamos en posturas difíciles, al reír nos caíamos de lado.
Después estuvimos bailando danza turca, que es algo así como dar vueltas con las manos en alto. Aún así, tiene su cosa solemne. Después, danza jordana, que eso sí puedo afirmar que es una mezcla entre el corro de la patata y ‘No rompas más mi pobre corazón’. En serio. Y como no sé bailar flamenco, hice un poco el tonto con ‘cojo la manzana me la como y la tiro’ cuando me tocaba a mí, y cambié de tema.
Más tarde pasamos el tamiz y los sosos se fueron a dormir. Nos quedamos charlando de cosas trascendentales mirando la ciudad hasta demasiado tarde, y nos terminamos yendo porque Ferdinand (un chico alemán) duerme arriba en la azotea, no puede con el calor de su cuarto, y no queríamos molestarle charlando. Lo único malo de dormir allí arriba es que amanece a las 5 de la mañana, así que es incómodo por la luz.
Hay que puntualizar que el mundo entero habla muy bien inglés menos los españoles. Es increíble el nivel que tienen en Jordania, por ejemplo. Y aquí en Túnez, ¡estudian cuatro lenguas!
Para alegría de la comunidad de arquitectos que lea esto, sepan que en Túnez la carrera dura 7 años. Imaginad la tortura. Muero de pensarlo. No sólo porque sea un año y medio más, es que entras sabiendo que te quedan 7 años por delante, te debe destruir las ganas.
Esta mañana comenzó mi idilio con la ciudad de Tunis, (Tunisia es el país, Tunis es la capital) yendo al trabajo. Maram (una chica Jordana, el alma de la fiesta) me acompañó en el autobús, donde descubrí el nuevo mundo de los autobuses jamás limpiados y donde puedes cortar el ambiente con un cuchillito. Lo que más miedo da es el bamboleo; más o menos es como ir en barco. Si olvidas los millones de ojos repasándote, puede ser divertido.
El chico tunecino de IAESTE que me llevó al estudio me dijo antes de llegar que el estudio estaba bastante bien, muy nuevo y tal. Y cuando yo entré por esa puerta comprendí los edificios, las calles, las aceras y lo comprendí todo. El mayor cuchitril en España es un buen sitio aquí. Me viene bien para valorar lo que tengo. Será como estar entre palacios, cuando vuelva a casa.
El jefe no llegó hasta las once, así que podemos estar tranquilos: ser el arquitecto es igual en todas partes.
La chica arquitecta que me explicó todo al llegar resultó ser mi mini-jefa más tarde. Tuve suerte, sabe inglés y francés, un poco de español, es muy simpática, y bastante joven (sobre los 26) así que no es como tener un jefe, realmente. El jefe real llegó y nos puso a trabajar.
Ahora viene lo bueno: moríos todos de envidia, estamos proyectando un centro comercial en la calle más importante de Tunis: Ave Habib Boughriba. No pretendáis que sea el nuevo proyecto de la Zaha, es asimilable a un pitufo unifamiliar de Carmona, ¡pero algo mío será construido en África! Es la caña de España.
El francés va mejorando por momentos, por cierto. Menos mal que se nos ocurrió tomar los mismos orígenes latinos para el idioma :P
A la vuelta del trabajo tardé una hora, yo sola, a la aventura. Os juro que es como ir ciega, es lo mismo. No ves nada familiar, y cuando preguntas la gente pasa de tu culo, así que también es como ir muda. Es cierto que los tunecinos son muy amables, como los egipcios, pero si no te entienden tampoco les entra mucha pena. No saben inglés, así que no hay otra.
Aquí, por si no lo sabíais, la gente tiene el colorcillo más o menos como los marroquís. Todo esto es el Magreb, al fin y al cabo. Aún así, todos me dicen que parezco tunecina, porque es cierto que las mujeres son más claras de piel. Lo más extraño del tema de los colorcillos es el colorcillo de los jordanos: parecen totalmente europeos. Después los ves cantando en árabe y poniéndose el pañuelo para rezar y ¡es bastante raro! Quiero decir que pensaba que todos los árabes parecían moritos. Pues no. De hecho, Osama se parece muchísimo a mi primo Daniel.
Llegué a casa, y Onur (el primer chico turco. Su nombre significa honor) y yo nos fuimos a almorzar. Sorprendentemente, cruzamos la medina andando en cinco minutos, y me encontré casi en mi estudio. Podéis imaginar mi cara cuando me di cuenta.
Nos encontramos en la azotea de un hotel muy famoso con los chicos que han llegado hoy: un griego y un turco, y fuimos a un turco a comer. Se supone que eran Döners (kebap para los amigos… con carne de pavo!!! Turkey – turkey, ¿lo pilláis? Pavo en inglés – el nombre del país) pero le pusieron la salsa tunecina hiper mega extra super picante y diabólica que neutralizó cualquier resquicio de sabor y me destrozó la garganta y el estómago. Para todos ellos, sin embargo, estaba solamente picantito.
La medina me ha decepcionado profundamente. Lo confieso, me imaginaba medinas propiamente dichas, con sus tesoros escondidos, sus artículos artesanos de arcilla o piel… Y es un piojito. Necesito perderme un poco para visitar los otros gremios, porque las calles principales cruzan el mercado de ropa y ese tipo de cosas crutefactas y turísticas. Tuve bastante de eso en Egipto.
Nada más llegar a la casa, no podía creerlo, teníamos que volver al mismo sitio del que veníamos para comprar la comida. Otra vez vuelta…
El supermercado es un timo, porque te confías ciegamente y dices “Qué suerte tengo, comida normal” pero nooooooo… Hay cosas extrañas que ellos llaman comida. Todo tipo de líquidos y polvos en tarros con letreros en árabe… Un laberinto agobiante, y además atestado de tunecinos. Al final me he hecho con provisiones más o menos cotidianas para mí, pero tuvimos que volver andando 30 minutos cargados como mulos. No hay ni un taxi vacío.
Es noche somos dos más con los chicos nuevos, y además vinieron 4 chicos a cenar de la otra casa en La Goulette. Cenamos otra vez arriba, pero nada fuera de lo normal, parece que la multitud ha desvanecido un poco la sana tontería y la confianza. O quizá había demasiada gente con quien hablar y no nos decidimos.
El caso es que me voy a dormir, porque mañana es un día muy largo. Iremos al Museo del Bardo!
Muchos besos a todos… J
Adriana
Pdta: las chicas jordanas me han cambiado el nombre sin querer, ahora soy Andria!!! jajajaja