Al bajar del avión y preguntar por la salida, fui de repente consciente del poco francés que sé. Es toda una aventura hacerse entender en este país, con el acento árabe y el español por ambos lados.
Al salir por la puerta de embarque, no veía ningún papelito con mi nombre como en las películas, ni nadie con cara de buscarme. Me lié a dar vueltas... Quería llorar... Pero de repente dos chicos se me acercaron y empezaron a chapurrear algo raro, hasta que les dio por hablar inglés. Son dos chicos tunecinos, ingenieros, enchaquetados y con unas Converse, con cara y maneras de europeos pero en versión morena: Sophien y Halel. Muy atentos, ¡nada que ver con el típico árabe que te repasa cuando vas andando por el zoco!
Este viaje está consistiendo básicamente en una enorme apertura de mente para mí. Pero vayamos por partes.
Cuando íbamos en el coche (dos tíos árabes y yo en el coche, si te paras a pensarlo es una película de terror) hacia la casa, me preguntaron si estaba cansada. Resulta que aquí hay una gran conciencia de grupo entre todos los extranjeros, y todos los fines de semana se organizan viajes para conocer el país. Este fin de semana estaban en Hammamet (buscadlo en internet, es un sitio muy turístico), y nos daba tiempo de llegar para cenar... ¡e ir a la discoteca!
Cuando llegué por primera vez a la casa, por poco me muero de asco. El nivel de vida aquí no es tan alto, y acostumbrados al standard europeo, esto es una prisión de las de las películas. Sin embargo, cuando llevas un rato, no está tan mal. De hecho, absolutamente todo aquí está sucio y ruinoso, así que, viéndolo desde otra perspectiva, ¡no está nada mal! Te acostumbras, se convierte en lo que hay, te olvidas de los enlucidos de tu casa, los marcos de las puertas, los cristales limpios y los sofás nuevos. Cuando estás aquí, se comprende.
Bueno, me duché como pude y nos fuimos rápido a Hammamet en coche. Al llegar, tras una media hora, paramos delante de una discoteca, y me dijeron: "Esta es la disco más grande de África", así que imaginad cómo me quedé. África es muy muy grande, fue como estar en la Torre Eiffel.
Tengo que decir que la gente en Túnez (me refiero a las chicas que llevan el estilo de vida que les permite salir de noche) viste igual que en España. Podríamos llamarlo, comúnmente, vestimenta "cani", por increíble que parezca. La misma ropa del piojito o los chinos de ropa, vamos.
Bueno, llegamos a la disco, y esperaba ver a unos cuantos extranjeros, pero llegué y ¡había más de treinta personas! Tenemos la ONU: Italia, Malta, India, Austria, Jordania, Escocia, Alemania, Túnez, Egipto, España, Corea, USA, Noruega, Pakistán... Tuve un recibimiento genial, bailamos hasta muy tarde... He de decir que los extranjeros no parecen tener hábitos de baile (los chicos) porque eran auténticas marionetas bailando. No podíamos parar de reír viendo al chico indio, que va para sacerdote, con sus pintas, su cara de indio, sus pelos de indio, y bailando house. De verdad, era una estampa irrepetible. Estaba exhausta, pero me lo pasé genial.
¡Las canis tunecinas incluso se subían a una barra que había para bailar! También hubo algunos incidentes con tunecinos emplumados que subían, bailaban cinco segundos y los echaban del local. Aparte de esto, todo genial.
Acaban de llegar de visita 4 chicos de la otra casa (italiano, dos indios, y un alemán) que vienen a cenar a la azotea (se ve todo Túnez!) y tengo que dejaros, seguiré mañana.
¡¡Muchos besos a todos!!
Adriana :)
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